11/17/2009

Cambia conmigo

Huele a cambios.

Al fin están aquí. Aunque no terminan de llegar comienzan a rodearme y sin que se den cuenta yo sonrío.

Sonrío porque es justo lo que quiero, quiero reinventarme, porque ya no quiero seguir redundando en mis escrituras, porque ya me cansé de vivir en lado oscuro de las cosas. Ahora quiero sonreír con sinceridad. Te siento cerca, las miradas me lo dicen, los silencios me lo gritan y tu olor te delata.

Sé que sientes miedo, yo también. No importa nena, puedes tardarte un poco. Eso sí, no dejes de sonreír y de caminar hacia delante, pues lo mejor está por venir. La desesperanza se irá a llorar de sí misma cuando se entere. El pasado está tan muerto como nosotros queramos, cada respiro nuestro es un poco de arena a esa tumba.

Ven pronto, quiero escribir de cosas alegres, quiero que te aferres a mi mano y si quieres cierras los ojos y caminemos, poco a poco, disfrutando de la brisa en la cara, que el entorno te invite a abrir los ojos y veas que existen nuevas maneras de querer, de que no miente el mundo cuando te grita que mereces algo mejor. También a mi me lo grita y creo que tú eres la respuesta.

Creo en ti.

Creo en nosotros.

Creo que será bárbaro.

No temas, acércate.

Confía.




Roberto Quintero
Otrebor.

10/28/2009

Paréntesis

El calendario marcó el día que me hace recordar todo con exactitud. Me recuerda que se cumple un nuevo año, que la sentencia sigue contando días. Un aniversario al que se le robó la palabra, felíz, que le antecedía. "Felíz aniversario" Ya no existe. Ahora es sólo un 27 que se burla de mi.

Hoy después de dormir me puse a soñar y como siempre un estúpido instinto que me motiva a seguir mis sueños me hizo agarrar el telefono y escribirle. Le dije que quería verle hoy. Quería tenerle en frente y poder apartar por unas horas todas las malas cosas que vivimos, todo el odio, toda la rabia, todas las ofensas, todo el dolor y todo lo que no debería ser, pero que es.


Quería poder tocarle, olerle, oirle, besarle... quería verle. Quería que regresara a mis brazos, quería deslizar mis dedos entre sus cabellos, quería sentir su respiración robando mi aire. Poder cerrar los ojos y dibujar en mi mente todo aquello que mi mano tocara. Como me hubiese encnatado hacerle el amor como desde hace mucho tiempo no lo hago.

Temprano al despertar, soñé en ese momento, le soñé entre mis brazos, sonriendo, recordando todo auqello a lo que hoy le llamamos pasado, sí... quería recordar nuestra historia, sonreir y volver a vivir. Es curioso, siempre pensé que esas cosas no me atraerían.

De tanto soñar olvidé que en mi vida los deseos están tan reprimidos como mis lágrimas y sus deseos reales.

Contrario a todo lo que soñé y anhelé recibí de vuelta un mensaje que destruyó en pedazos mi ilusión y que se mofó en mi cara y me gritó "iluso" Entonces reflecioné y me pregunté ¿hasta cuándo seguiré siendo pendejo? ¿Cuándo podré no recordar, no escribir y no llamar? En esos instantes juraba que era un buen momento de comenzar, pero como cosa rara, volví a intentarlo. Esta vez llamé y escuché su voz. Es todo.

La tarde trajo consigo sorpresas, todas intentando desviar mi atención de lo único que tenía en la mente, pero era tan descarada su intención que me pareció grotesco el gesto de la vida. Por eso seguí pensando y torturandome, viendome en ese abismo imponente y oscuro, aferrado a una esperanza que no es más que un espejísmo.

Era de noche, al fin el día se terminaría y ya el infierno se didiparía, pero como siempre, faltaba más. Contacto directo, de nuevo burlas, descaro y maldad. Dolor, rabia, cidarros sonriendo, fiesta detrás de la puerta que está a mi espalda. Una voz gritandome que también debo actuar mal, que así no me sentiré tan pendejo. Yo le creo, quiero serlo, de seguro lo haré. Pero no hoy. Hoy aunque sea solo me esconderé detrás de unos paréntesis para agacharme en el rincón y abrazar mis rodillas viendo todo desde afuera, viendolos entrar y salir, viendole seguir, borrándome la sonrisa y alimentando mi dolor para que se convierta en rabia.

Hoy mi día apestó, todo gracias a ti. No podía esperar menos de ti, continúa haciendome infelíz, total todos tenemos un talento en la vida y ese es el tuyo. Yo mientras esperaré a tener mi aire de vuelta y me lanzaré al abismo, desde alli podré sacarte el dedo del medio, tan solo dame tiempo.





Roberto Quintero
Otrebor.

10/20/2009

Marianita, Marianita...

Mariana Llora, Mariana grita.
Mariana se tapa la cara, no quiere escuchar, tampoco quiere ver.
Mariana desbes ser fuerte y atiendelos.

Todo comenzó demasaido pronto, así deber ser, porque nunca se está preparado para las desgracias. Ella tiene a una madre que ha sufrido y sigue en esas. Violada por su papá, trabajando duro y pasando necesiades ha venido criando a AMriana y a Clara su otra hija, la menor.

Mariana no tiene papá. Nunca lo ha tenido y parece no necesitarlo. Sin embargo alguien que pudiera ser su abuelo, se obsesionó con sus negros cabellos y suave piel. Mariana a penas tiene 12 y es pretendida por un tipo de 43 que le regala caramelos y habla mucho con su mamá que llora, ella los ve desde el cuarto pequeño donde de Clarita lleva semanas enferma.

Al final de unos días Mariana es llamada por su mamá que sólo le pide que se vista rápido que se va. Ella no entiende mucho pero aquel hombre horroso la beso en la boca y la molestó con su bigote y por instinto comenzó a llorar. Su mamá cayó destruída imitando la escena de Judas. La señora vendió a su pequeña para obtener dinero para rescatarle la vida a Clarita.

No se acababan los 12 de Mariana cuando ya su primer hijo nacia, milagrosamente fue capáz de superar el parto y de dar a luz. Ahora ella es mamá y además mujer de un viejo borracho que la golpea y viola todas las noches. Además de esto la humilla, la orina y le grita cosas como que la va a dejar botada pues ya no está cerradita como antes, ¡Vaya que es un bastardo!

La mamá de Mariana ahora sólo puede ver desde lejos, pues esa niña torturada ya no es su pequeña, ahora es del carajo que le dio unos centavos.

A Mariana le robaron su inocencia, le quitaron su infancia y la oscuridad pasó y borró su sonrisa.

La historia triste continuó, nadie hizo nada y mientras todas las niñas planificaban sus quince años mariana a punto de cumplir la misma edad sólo se preocupaba por dar a luz a su segundo pequeño. El tínel no tenía fin, los hijos que bendecían la vida de Mariana eran un milagro nacido de la mierda, de la maldición.

El ilustre que la compró y mató a la vez, ya ni la visitaba, tenía una nueva pareja de 17 años. Pasó algo de tiempo y Mariana conoció la droga, conoció sus placeres, conoció la libertad de volar, de no escuchar nada, de no sentir y se fue sumergiendo en el vicio.

Mariana al ver que su historia podía repetirse, raptó a su hermanita, cargó a sus dos hijos y se fugó de aquel cacerío, llegó hasta la ciudad para ser indigentes todo, le dio a Clara un poco de su droga mágica para que se olvidara del hambre.

Pasaron meses debajo de un puente, ella conoció la prostitución y se fue ahí. No sufría por su magía, ganaba dinero y le alcanzaba para con 16 años ser la jefa de hogar.


Una noche llega de madrugada como de costumbre y escucha el llanto de sus dos pequeños, corre rápido a ver que pasa y los ve llenos de sangre, mira bien y Clara no tenía sesos. La mataron para quitarle los ahorros que los polvos de ella dejaban.

Mariana se cae y llora.
Mariana se tapa la cara y grita.
Mariana se arranca los cabellos
Mariana se droga
Mariana no quiere escuchar a sus hijos gritar


Mariana se mete una sobredosis, Mariana Muere combulsionando.

Al amanecer, hay dos niños de 1 y 3 años llorando llenos de Sangre, una niña de 14 con más de tres disparos en la cabeza y una niña de 16 años, con los ojos abiertos, las lágrimas secas en la cara, droga cerca de ella y un cuerpo frio.

No fue fácil su vida, nadie entiende porque tantas cosas juntas. ¿Qué pasará ahora con sus hijos?





Roberto Quintero.
Otrebor.