10/28/2009

Paréntesis

El calendario marcó el día que me hace recordar todo con exactitud. Me recuerda que se cumple un nuevo año, que la sentencia sigue contando días. Un aniversario al que se le robó la palabra, felíz, que le antecedía. "Felíz aniversario" Ya no existe. Ahora es sólo un 27 que se burla de mi.

Hoy después de dormir me puse a soñar y como siempre un estúpido instinto que me motiva a seguir mis sueños me hizo agarrar el telefono y escribirle. Le dije que quería verle hoy. Quería tenerle en frente y poder apartar por unas horas todas las malas cosas que vivimos, todo el odio, toda la rabia, todas las ofensas, todo el dolor y todo lo que no debería ser, pero que es.


Quería poder tocarle, olerle, oirle, besarle... quería verle. Quería que regresara a mis brazos, quería deslizar mis dedos entre sus cabellos, quería sentir su respiración robando mi aire. Poder cerrar los ojos y dibujar en mi mente todo aquello que mi mano tocara. Como me hubiese encnatado hacerle el amor como desde hace mucho tiempo no lo hago.

Temprano al despertar, soñé en ese momento, le soñé entre mis brazos, sonriendo, recordando todo auqello a lo que hoy le llamamos pasado, sí... quería recordar nuestra historia, sonreir y volver a vivir. Es curioso, siempre pensé que esas cosas no me atraerían.

De tanto soñar olvidé que en mi vida los deseos están tan reprimidos como mis lágrimas y sus deseos reales.

Contrario a todo lo que soñé y anhelé recibí de vuelta un mensaje que destruyó en pedazos mi ilusión y que se mofó en mi cara y me gritó "iluso" Entonces reflecioné y me pregunté ¿hasta cuándo seguiré siendo pendejo? ¿Cuándo podré no recordar, no escribir y no llamar? En esos instantes juraba que era un buen momento de comenzar, pero como cosa rara, volví a intentarlo. Esta vez llamé y escuché su voz. Es todo.

La tarde trajo consigo sorpresas, todas intentando desviar mi atención de lo único que tenía en la mente, pero era tan descarada su intención que me pareció grotesco el gesto de la vida. Por eso seguí pensando y torturandome, viendome en ese abismo imponente y oscuro, aferrado a una esperanza que no es más que un espejísmo.

Era de noche, al fin el día se terminaría y ya el infierno se didiparía, pero como siempre, faltaba más. Contacto directo, de nuevo burlas, descaro y maldad. Dolor, rabia, cidarros sonriendo, fiesta detrás de la puerta que está a mi espalda. Una voz gritandome que también debo actuar mal, que así no me sentiré tan pendejo. Yo le creo, quiero serlo, de seguro lo haré. Pero no hoy. Hoy aunque sea solo me esconderé detrás de unos paréntesis para agacharme en el rincón y abrazar mis rodillas viendo todo desde afuera, viendolos entrar y salir, viendole seguir, borrándome la sonrisa y alimentando mi dolor para que se convierta en rabia.

Hoy mi día apestó, todo gracias a ti. No podía esperar menos de ti, continúa haciendome infelíz, total todos tenemos un talento en la vida y ese es el tuyo. Yo mientras esperaré a tener mi aire de vuelta y me lanzaré al abismo, desde alli podré sacarte el dedo del medio, tan solo dame tiempo.





Roberto Quintero
Otrebor.